Joaquín Talismán

Límites. Hacer canciones sin permiso. Con Joaquín Talismán | EDDP 4X06

Hay personas que forman parte de tu educación sentimental sin saberlo.
A Joaquín Talismán lo conozco desde que empecé a escuchar música con un poco más de atención de la debida. No porque fuéramos amigos entonces, sino porque estaba ahí: en grupos, en discos, en escenarios que yo miraba desde abajo. Y sigue estando. Eso ya dice mucho.

Con los años, además, pasa una cosa curiosa: descubres que esa gente que tocaba cuando tú empezabas a escuchar también escucha. Joaquín es melómano. Nos vemos en conciertos, comentamos la jugada, hablamos de canciones, de sonidos, de quién estuvo mejor o peor esa noche. Lo he visto en escenarios grandes y en escenarios diminutos, en bares, en terrazas de verano, en formatos mínimos —recuerdo especialmente algún dúo con Fernando Rubio— y siempre con la misma sensación: está donde quiere estar.

Cuando vino a grabar la entrevista pasó algo muy Joaquín: se le olvidó traer un ejemplar del disco para dejarlo visible. No fue desidia ni pose. Simplemente ese día había venido con un coche que no era el habitual y el disco se quedó en otro sitio. Nos reímos. Es despistado, pero en el mejor sentido. De esos despistes que no tienen nada que ver con la falta de interés, sino con tener la cabeza siempre en otra parte, normalmente en la música.

La conversación fue larga, tranquila, sin prisa. Y en un momento dado cogió la guitarra y tocó una canción en directo. No para lucirse, no como “contenido”, sino como gesto. Y sonó mágica. De esas veces en las que la habitación desaparece un poco y te das cuenta de por qué seguimos haciendo todo esto.

Hubo también un pequeño apuro por mi parte. Quise elogiar su facilidad para las melodías —me sigue pareciendo una de sus grandes fortalezas— y elegí como ejemplo En un segundo, una canción con una melodía maravillosa. Resultó que justo esa era la única melodía no suya que ha incluido en uno de sus discos. Cualquier otro se habría quitado el muerto de encima con elegancia. Joaquín no. Aprovechó el momento para elogiar a su autor, Pedro Casanova, y hablar de lo buena que es la canción. Ahí se retrata alguien.

Joaquín es amable, apasionado de la música, buen conversador y sigue teniendo curiosidad. Y eso, después de más de cuarenta años tocando, escuchando y viendo pasar modas, es quizá lo más valioso.

Os dejo el video completo de la entrevista.

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