Podcast goshting

Ghosting en el mundo del podcast

Creo que todo el mundo sabe qué es el ghosting, e incluso lo ha sufrido alguna vez. Es esa forma de cesar todo contacto en una relación sin previo aviso ni justificación, además de ignorar posteriormente cualquier tipo de acercamiento.

Traducido al contexto del podcasting, es fácil de entender a qué nos referimos. Nos pasa mucho más de lo que nos gustaría a quienes realizamos un podcast modesto, al menos en lo que a audiencia se refiere: potenciales entrevistados que jamás contestan a nuestra solicitud de entrevista.

Que esto ocurra no deja de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde el egoísmo exacerbado lleva a tantísima gente a no molestarse en comunicarse, siquiera a modo de despedida, con quien ha dejado de ser útil para sus objetivos. Ocurre cada día en redes sociales y, cada vez más, en las relaciones personales más presenciales.

Lo que uno se pregunta es si es algo tan nuevo o si simplemente ahora es más evidente. Supongo que, igual que ahora es potencialmente mucho más fácil establecer contactos superficiales con determinadas personas gracias a la tecnología y las redes sociales, también es mucho más fácil desligarse de ellas sin demasiado cargo de conciencia.

Vaya, a los grandes sí que les contestas

Puede llegar a ser duro sentir esa indiferencia del silencio, que en la mente de uno bien podría tornarse en desprecio, más aún cuando ves que esa persona, que ni se molestó en contestarte, aparece después en los grandes podcasts. Ya sea en uno tan agresivo, sensacionalista y de dudoso gusto como The Wild Project, o bien en el maravilloso, profundo y muy recomendable Lo que tú digas, de Álex Fidalgo.

No queda otra que asumirlo: si no te conocen, no te hacen caso. Hemos de acostumbrarnos a ese muro de indiferencia. Los algoritmos juegan con factores logarítmicos: si deciden darte visibilidad, te dan muchísima visibilidad; si optan por no hacerlo, te vuelven prácticamente invisible.

Hay factores intrínsecos al podcast en cuestión que pueden afectar a su visibilidad, y lo que está bien hecho se supone que lo tiene más fácil para funcionar bien… o no tanto, porque algunos de esos podcasts top dan vergüenza ajena. O al menos a mí, que no haría algo así ni por toda la audiencia del mundo.

La cuestión es que el algoritmo de YouTube, y otros similares, son polarizantes, tendentes al extremo. Para nada quisiera compararme con The Wild Project (Dios, o el Diablo, me libren), pero sí lo haría gustoso con el de Álex Fidalgo, que creo que es un concepto bastante similar a El Disfraz de Polifemo, aunque en EDDP nos guste incluir mucha divulgación científica, además de la entrevista personal.

Lo que no responde a la lógica es que Fidalgo, que tiene muchísima audiencia (pero tampoco es lo más seguido en este mundillo), tenga 500 veces más audiencia que El Disfraz de Polifemo. Álex Fidalgo hace un grandísimo podcast, pero me niego a asumir que sea 500 veces mejor que EDDP.

El valor de los entrevistados que sí responden

Una cosa que he constatado realizando El Disfraz de Polifemo es que la mayoría de personas que sí han aceptado venir suelen decir espontáneamente, al terminar, que se han sentido muy bien durante la entrevista. Una cuestión sobre la que yo nunca pregunto, pues me parece de mal gusto y una forma de presión al entrevistado.

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No siempre ocurre así en algunos de esos otros podcasts de audiencias millonarias, pero supongo que al final la vanidad y el dinero (sobre todo el dinero) es lo que mueve el mundo. Y claro, muchas de las personas que van a un podcast es porque esperan que este les ayude a ganar más dinero gracias a la promoción de lo que sea que tienen entre manos: un libro, una creación artística, un proyecto…

¿Por qué lo hacen?

Supongo que la principal razón de ese ghosting podcastero es que no les interesa “perder” su tiempo en un podcast \»de mala muerte\» que no les renta. O que, simplemente, reciben tantas solicitudes que se sienten desbordados, incluso para contestar un simple “gracias, pero no me interesa”.

Me cuesta mucho asimilarlo, pues ya hay que recibir una cantidad ingente de solicitudes para que no se pueda contestar una simple frase a cada una. Me parece, más bien, una falta de respeto. Un respeto selectivo, claro, pues solo lo hacen, como he dicho, con quienes no les puedan reportar beneficios directos.

También puede ser, aunque creo que cada vez menos, que haya quien no se sienta a gusto en un podcast, algo que en alguna ocasión me ha comentado algún científico como motivo para declinar la invitación.

¿Y si no recibió el mensaje?

Cuando te contestan con un rechazo, aunque siempre duele un poco, se puede entender e incluso aprender de ello. Pero cuando no contestan, la principal duda es:

  • ¿Y si no recibió el mensaje?
  • ¿Y si lo recibió, pero dejó para después contestar y se le olvidó?

Y claro, ya no sabes por dónde tirar. ¿Actúas como si te estuvieran ignorando? ¿Te comportas como si el mensaje se hubiera perdido e insistes o buscas un canal de comunicación alternativo?

Reconozco que esa incertidumbre genera un desgaste y consume una energía que no siempre sobra. Y no hablo meramente de la energía física en esa parte de la preproducción, sino sobre todo de la mental: nadie está preparado para un rechazo sistemático, por mucho que sepa cómo funciona esto.

No todos son iguales

Cierto es que hay quien prefiere emplear su tiempo en otras cosas u otros podcasts y te contesta que prefiere no hacerlo contigo, pero te contesta. Así me pasó con respuestas que apelaban a la sobrecarga de agendas, como Ad Absurdum o Vicente Garrido, quien, en plena campaña de promoción de su libro, optó por ir a los podcasts de más audiencia, pero tuvo el detalle de contestar que su agenda estaba ocupada.

En algún caso hasta ingenié una estrategia arriesgada, como con la astronauta Sara García Alonso (en su caso el \»no\» estaba casi garantizado de antemano), para quien ideé y propuse un formato de entrevista circular, basado en un tipo de órbita que jugaba con la estructura de su libro. Aunque ella nunca llegó a leer el mensaje, su equipo respondió amablemente a la solicitud. Algo similar ocurrió con algún científico de ámbito mundial, cuyo equipo me contestó también con educación.

A todos ellos, pese al doloroso rechazo, solo puedo estar agradecido por un gesto que debería ser habitual, pero que hoy en día se ha convertido en excepción. En un caso, la agencia de representación de un actor dio acuse de recibo y aseguró que le remitiría mi mensaje al actor de turno, pero ya nunca más supe de esa persona.

La peor parte: que me tomen por un toro

Lo que peor llevo es que me tomen por un toro. Soy antitaurino, así que si no me gusta que lo hagan en la plaza, menos aún conmigo. No cuesta tanto decir que no, o incluso tirar directamente de ghosting, que es de lo que hablamos aquí hoy, porque lo que me mata es que me den largas en lugar de decir que no abiertamente.

Me ha pasado con varias personas ya, que no me conocen personalmente, que no conocen el podcast y que, en principio, sería razonable que no sintieran interés en participar, pero decirme que sí, que más adelante, y después una mala excusa, y más tarde una excusa aún más peregrina…

El último caso ha sido reciente y me ha tenido más de un año dando vueltas. Incluso le he esperado por dos veces a la llegada de vacaciones en su sector, para finalmente descolgarse con una excusa absurda. Pues nada, a la lista negra, que yo no seré nadie, pero tengo mi orgullo.

También están los casos admirables de personas con una agenda muy complicada pero con interés sincero en participar. Son varios los casos en los que hemos estado más de un año buscando agendar y finalmente se ha conseguido. Es posible si así se quiere.

Las personas que sí han querido estar, han estado prácticamente todas, quitando algún caso que quedó aparcado por dudas sobre la viabilidad del tema o de mi capacidad para prepararlo dignamente.

Suscribo la frase del seleccionador nacional Sergio Scariolo, ante alguna ausencia voluntaria en la Selección Española de Baloncesto:

\»Aquí viene quien quiere venir; quien no quiere venir, no está\».

Una frase que puede sonar a perogrullo, pero que solo quiere decir que ni se obliga a nadie a venir, ni se rechaza de entrada a nadie que tenga una historia que contar.

Gracias a todas esas personas por su amabilidad, tiempo y conocimiento.

¿El ghosting podcastero tiene solución?

No parece que tenga mucho remedio la cosa, en tanto que se trata de una de las partes que no quiere venir ni da opciones de réplica o explicación. Entiendo que quizá hablar de solución implica asumir que hay un problema, pero el problema solo es tal para una parte, la del podcaster, así que uno solo puede abordar la parte que a él le afecte.

La parte más obvia es que, mientras el podcast no tenga cierto nivel de visibilidad, algunas personas no estarán dispuestas a emplear su tiempo contigo. Pero si alguien tiene ganas de lograr visibilidad, ténganlo claro: soy yo.

Cierto que no de cualquier manera y, como le comentaba hace poco a la hija adolescente de unos amigos, no iba a hacer mucho caso de sus recomendaciones para lograr seguidores en Instagram, pues todas ellas implicaban hacer cosas que no quiero hacer en esta vida. No, no voy a mover mi culo con movimiento sexy en un video vertical.

Entiendo que, en mi caso al menos, el boca a boca debería ser un aliado. Pero eso suele ir lento, tanto desde el punto de vista de los seguidores para lograr una base amplia de oyentes, como desde el punto de vista de potenciales entrevistados que comenten entre sí lo bien o mal que lo hacemos.

En ese aspecto estoy tranquilo, pues sé que mal del todo no se hace.

Otro camino, que siempre he seguido en EDDP, es tratar de invitar a gente muy relevante en su ámbito, así como a voces poco conocidas, pero siempre invitando a quien tuviera algo que decir.

Pienso seguir invitando a gente muy famosa, igual que a perfectos desconocidos que hagan algo interesante.

Espero que sigan vds. ahí en el futuro para verlo o, mejor dicho, verlo y escucharlo, pues para eso hablamos de un videopodcast.

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