Campo atrás

La automatización de gestos técnico-tácticos en baloncesto ha de ser acorde al reglamento

No siempre es fácil elegir entre ritmo y corrección en los ejercicios.

La última jugada (estrictamente hablando, sería la penúltima) de la final del Eurobasket Femenino, que enfrentaba a España y Bélgica, supuso una pérdida de balón por un mal pase que acabó costando el oro en un torneo que parecía ganado. No digo que esa jugada sea necesariamente un caso de mal automatismo —que es de lo que quiero hablarles hoy—, pero ese gesto me recordó uno que me molesta especialmente. Y que quede claro que lo último que haría yo sería afear el fabuloso trabajo de la selección en este torneo, pero permítanme usar como excusa esa jugada final para hablar de una mala praxis demasiado frecuente.

El baloncesto es un juego de continua toma de decisiones. Cuantas más de estas estén automatizadas, más capacidad de proceso le queda al cerebro de la jugadora o jugador para abordar decisiones complejas.

Lo explicaba muy bien el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman al hablar del Sistema 1 y el Sistema 2 del cerebro en la toma de decisiones. El Sistema 1 es el rápido, intuitivo y emocional, es decir, el automatizado; el Sistema 2 es el más lento, reflexivo y lógico, y exige mayor esfuerzo y recursos mentales. Como no podemos usar el Sistema 2 todo el tiempo, tendemos a usar el Sistema 1 lo máximo posible, por economía de recursos cognitivos.

Trasladado al baloncesto, estaríamos hablando de la automatización de gestos técnicos o acciones tácticas comunes durante los entrenamientos. Los entrenadores tratan de diseñar ejercicios que trabajen la mayor cantidad posible de aspectos del juego, lo que a veces obliga a sacrificar unos elementos en favor de otros. En relación con lo que vengo a contar hoy, a veces hay que elegir entre mantener un buen ritmo de entrenamiento o ser meticuloso con detalles que parecen menores. Pero resulta que quiero hablar precisamente de esos “detalles menores”, porque bien podría ser que España haya perdido el oro del Europeo femenino por una automatización deficiente de un gesto muy común. Me explico.

Posiblemente el ejercicio más utilizado en baloncesto sea el 3×2 continuo, o “contraataque de 11” —o simplemente “el 11”—, cuyo nombre proviene del número ideal de participantes (aunque hay variantes con 9 e incluso con 7), o variantes de contrataque continuo en 4×3, o incluso progresivos desde el 1×0, 1×1, 2×1… hasta el 5×5. El \»11\» es un ejercicio fantástico por lo completo que resulta, ya que permite trabajar múltiples aspectos del juego, y sobre todo es excelente para mejorar el ritmo, lo que lo hace ideal como calentamiento o para combinar la preparación física con la práctica específica del baloncesto.

El problema es que cuando en ese tipo de ejercicio prima el ritmo por encima de todo, algunos entrenadores —muchos, en mi opinión— sacrifican la precisión en la ejecución para no interrumpirlo. Por ejemplo, se pasa por alto cuando se cometen ciertas infracciones, con tal de no frenar el ritmo. Una, en particular, me parece especialmente problemática: la infracción de campo atrás.

“Art. 30.1.2. Un equipo que tiene el control de un balón vivo en su pista delantera ha provocado que el balón vuelva ilegalmente a su pista trasera cuando un jugador de ese equipo es el último en tocar el balón en su pista delantera y, después, el primero en tocar el balón es un jugador de ese equipo:
• Que tiene parte de su cuerpo en contacto con su pista trasera, o
• Después de que el balón haya tocado la pista trasera de ese equipo.”

Como sabrá cualquier aficionado al baloncesto, una vez que el jugador con control de balón ha cruzado a la pista delantera, no puede pasárselo a un compañero que no haya cruzado completamente. Sin embargo, en este tipo de ejercicios, es muy frecuente que el pase de vuelta coincida justo cuando ese compañero está en el límite entre las dos mitades del campo. Si pasador y receptor no están atentos, se comete la infracción de campo atrás.

En mis tiempos como entrenador cuando dirigía este tipo de ejercicios, solía detenerlos si se producía esta infracción, pues yo sostenía —y sigo sosteniendo— que permitir la infracción en los entrenamientos puede generar automatismos incorrectos. Y que, cuando llegue el partido, se cometa esa infracción de forma absurda, simplemente porque no se automatizó en su momento prestar atención a que el último jugador hubiera cruzado a pista delantera antes de recibir el pase.

Esta infracción absurda —pues muchas veces ni siquiera hay una presión defensiva que la justifique— la he visto más veces de las que me gustaría. Ante la incomprensión del espectador, que no entiende lo ridículo del error, yo sí lo entiendo: el error no es del partido, sino del entrenamiento. Es fruto de haber automatizado ese pase hacia atrás sin incluir en el automatismo la verificación de que el receptor ya había cruzado de pista.

Por tanto, sugiero desde aquí a los jóvenes entrenadores (a los más veteranos difícilmente pueda persuadirlos de esto) que sean meticulosos en cuestiones reglamentarias susceptibles de automatizarse. Porque solo hay algo peor que no automatizar algo: automatizarlo mal.

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