Jairis Campeón de Copa

El segundo día más importante de Jairis

Está claro que la fecha del 23 de marzo de 2025 es, hasta ahora, la más importante en la historia del Club Baloncesto Jairis. En esta gloriosa fecha, Jairis se proclama campeón de la Copa de la Reina en la misma temporada en la que competía por primera vez en ese torneo.

Sin embargo, yo quería hablarles de otra fecha: del segundo día más importante en la historia del club decano de la Región de Murcia, fundado en 1954. Al menos, de la segunda fecha más importante que yo haya conocido. Y puede que de parecida importancia a la del primer ascenso a LF2 en la temporada 2013/14, pero aquella, en Mazarrón (Murcia), la viví en la grada como mero espectador, así que espero que entiendan que me decante por la que les quiero contar hoy.

Corría la temporada 2017/18, la segunda tras el descenso administrativo que se sacó de la manga la FEB, agarrándose a la literalidad —esa temporada sí— de una norma que, año sí y año también, se pasaban por el forro obscenamente. El caso es que el equipo estaba en plena reconstrucción tras un año extraño post-descenso, y luchaba en categoría 1ª Nacional (rango 3), tratando de mantenerse cerca de los puestos de cabeza para tener alguna opción de luchar por el ascenso a LF2. Sería el mes de marzo, y tocaba jugar en L’Alquería contra Valencia Basket, uno de los candidatos al ascenso de aquella temporada. Las cuentas nos decían que el equipo que perdiera ese día quedaría definitivamente fuera de la lucha por el ascenso, aunque ganarlo solo garantizaba seguir con vida en esa carrera.

No empezó bien el partido, que fuimos perdiendo durante todo el rato, e incluso llegamos a estar 14 puntos por debajo. Pintaba mal la cosa, pero a veces en baloncesto hay espacio para la épica, y aquel día hubo una buena dosis de ésta. A falta de un segundo para terminar el partido, nuestra remontada no se había culminado, pues aún perdíamos por un punto.

Tiempo muerto de Valencia Basket, que solo tenía que limitarse a poner la pelota en juego, pues con un segundo por jugar, incluso pasándole directamente el balón a una de nuestras jugadoras, desde más de 20 metros era imposible encestar. Valencia se dispone a sacar desde la banda, pero en lugar de limitarse a poner la bola dentro de la pista, hacen lo único que no debían hacer: el balón pasa por encima de todas las cabezas y se pierde por la línea de fondo sin que nadie lo toque y, por tanto, sin que se ponga el reloj en marcha.

Casi no nos creíamos el regalo. Víctor Verdú, mi entrenador jefe, pide el último tiempo muerto del que disponía, gracias al cual pudimos sacar en pista delantera y plantear una jugada ganadora que se pudiera ejecutar en tan solo un segundo.

Aún me parece ver los trazos en la pizarra: alejamos a una interior de la acción simulando ir a recibir (Ester Aracil), hacemos una maniobra de distracción para nuestra tiradora llevándola a la esquina (Vicky Robles) y ejecutamos un bloqueo ciego de una exterior (María Simón) para que nuestra interior Rut Marín haga un movimiento de fuera a dentro y reciba bajo el aro. Aún me parece estar viendo volar a cámara lenta el balón puesto en juego por nuestra capitana, Laura Fernández Corbalán —única jugadora de la historia del club a la que se le ha retirado la camiseta, que ahora ondea orgullosa en lo más alto del pabellón Fausto Vicent—. La bola sobrevuela la cabeza de varias jugadoras; una de las valencianas incluso parece rozarla con los dedos pero, sorprendida por el engaño, llega tarde. La pelota, desde muy arriba, llega a las manos de Rut Marín, que apenas logra agarrarla con la punta de los dedos. Aterriza bajo el aro y alza rápidamente el balón, que se apoya en el tablero. Lo levanta tanto que parece que lo rebasará por la parte superior. Tras golpear en la parte más alta y central del tablero, y ya con la bocina que indicaba el final del encuentro sonando, el balón desciende a plomo, mientras desde el banquillo observamos la acción con los ojos como platos, sabedores de que, con ese ángulo de caída, el menor roce con el aro lo mandaría fuera.

Como en las películas, la escena pasa de la cámara lenta y el silencio a la velocidad normal y el júbilo más estruendoso… en nuestro grupo, claro, porque las valencianas no se podían creer la oportunidad que habían dejado escapar.

Momentos épicos: la jugada ganadora contra Valencia, el día del ascenso y ya en LF2.

Me dirán ustedes que mucha épica y lo que yo quiera, pero que aquello ni era una final ni valía un ascenso. En realidad, sí lo era. Era una final por no quedar fuera. También me dirán que si no se lograba esa temporada, se podría haber conseguido en otra. Quizá sí, pero más tarde supimos que el que por entonces era patrocinador principal estaba pensando seriamente dejar de serlo. De no haberse logrado el ascenso esa temporada, habría sido complicado conseguirlo más adelante sin nadie que pusiera el dinero necesario para cubrir los mínimos con los que se podía competir entonces.

Tras esa semana, el equipo fue a más y creo que no volvió a perder ningún partido. Nos tocó jugar un cruce previo a la fase de ascenso precisamente en Zaragoza —no en el Príncipe Felipe, lugar de celebración de la Copa de la Reina de 2025—, pero sí debía de estar muy cerca, pues recuerdo haber pasado por la puerta del Príncipe ese día.

Posteriormente ganamos con cierta holgura los dos partidos de la fase de ascenso en Castellón, aunque a la final el entrenador, Víctor Verdú, llegara medio lesionado a resultas del efusivo abrazo de Mariano Vivancos, presidente durante aquellos años, y tuviera que ser tratado la noche anterior por nuestra fisio en funciones, Vicky Robles —a su vez jugadora del equipo—, por mor de las dificultades presupuestarias que nos impedían tener un fisio a sueldo. Pero para entonces el equipo ya iba lanzado. Es decir, aquel partido en Valencia fue el momento clave de una temporada decisiva.

Como anécdota extra, cabe contar que la gente de la cafetería de L\’Alquería aún nos debe media docena de pechugas de pollo a la plancha, pues la comida de aquel día iban a ser bocadillos comprados allí para comer en ruta. Era casi la hora de cerrar y fue todo muy rápido, nos despacharon con prisa y nos fuimos. Paramos en un lugar al azar en las afueras de Valencia y, al abrir los bocadillos, descubrimos que los de pechuga de pollo solo contenían pan y lechuga. Bueno, alguno llevaba una loncha de queso, pero ni rastro del pollo.

\"Entrenamiento
Un entrenamiento de la temporada 2018/19, en LF2

Así eran aquellos tiempos: furgoneta y pluriempleo para sacar el club adelante. Fue una época a la vez dura y divertida a partes iguales, pero en todo caso de recuerdo entrañable. Tuvimos que hacer muchos malabares para mantener el equipo en la élite con presupuestos pírricos. Tocó renunciar a mucho, empezando por el dinero, y fue preciso hacer un poco de todo. Yo no solo hice de entrenador ayudante, también me tocó hacer de jefe de prensa o chófer. Y no solo yo, claro, pues éramos unos cuantos locos los que llevábamos aquello adelante, como el polifacético Alfonso Ruiz, al que no había mencionado aún. Incluso, cuando ya no era entrenador ayudante del equipo femenino, me tocó a mí —y sobre todo a mi orgullo— tomar la iniciativa de hacer las retransmisiones de los partidos para la FEB, a base de ingenio, un modesto ordenador portátil, una cámara casera, un teléfono, una webcam, un micro barato y nula experiencia previa haciendo aquello.

Ahora que lo pienso, es posible que el día del ascenso a Liga Femenina deba estar en este top improvisado que he montado, pero bueno, déjenme que termine de contar esta historia a mi manera, que casi acabo.

Así que sí, ahora toca disfrutar del momento de gloria. Felicitar al entrenador, Bernat Canut; a los ayudantes, David Muñoz y Rafa Lorca; al preparador físico, David López (que vivió algunas de aquellas temporadas); al médico, Pedro Pérez; a los fisios, Fran Belmonte y Pau Motos (que también vivió alguna de esas temporadas históricas como jugadora); y a toda la gente que me dejo sin mencionar, pero sin cuyo trabajo no sería posible llevar esto a buen puerto.

Enhorabuena, y disculpen si hoy la nostalgia me hace hablar de mí mismo o arrogarme más importancia de la poca que ciertamente tengo, pero quería compartir con quien pudiera leer esto que, pese a los momentos duros y las muchas alegrías, ahora tengo la certeza de que todos aquellos esfuerzos de prestidigitación para mantener la nave a flote valieron la pena. A disfrutar, pues.

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